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11 de febrero de 2011

Sueño de una noche de invierno

Siento contradecir a Calderón, pero en la vida no todo es sueño... ojalá. En ocasiones, el sueño no llega, y sin descanso no hay quien sueñe... todo son sueños rotos.

Y convertir el insomnio en productivo es tarea sólo de los que tienen paciencia, cualidad no cultivada en mi anuario de 2010. Porque nada positivo se saca de caminar con suelas de ojeras y des-ayunos a des-hora, des-madejado por la des-idia... Des-oñado no se des-cansa, y sin des-canso me des-ordeno...

Pero, incluso en el más pestilente de los basureros, aparece, de entre lo que otros desechan, eso que yo necesito: (un) sueño.

Voy recuper-ando-me del insomnio perenne, se lo debo a una pastilla... 
¡Qué cosas!
¿Cómo se hace para enviarle mi agradecimiento a un trozo de química producido en serie?
...
Querida pastillita de después de cenar: gracias por devolverme el sueño. Como no sé cómo contactar contigo...te regalo este poema, en mi des-cabellada fantasía... 
Seguiré soñando con soñar sueños... querida amiga. Seguiré metiéndote entre mis labios, acariciándote con mi lengua suavemente, cada noche... a eso de las once y media. Seguiré sin pies, pero con cabeza.

Sin pies, pero con cabeza.

Si fueran 
descabelladas fantasías
¿cómo iban a peinarse
con sus peines de nácar
las sirenas?

Tan lejos, hoy, de aquello,
pervive sin embargo tanto entonces aquí,
que ahora me parece que no fue ayer
un sueño.

Ángel González.  101+19=120 poemas; Ed. Visor. Madrid.